El cuadro que había colgado en su habitación

El cuadro que había colgado en su habitación llevaba tiempo sin decirle nada. Le veía dormir todos los días y es posible que velara por el.

Hacía dos días que rompió su silencio y le preguntó:

– ¿porqué te afeitas ahora todos los días?

Y el hombre le respondió: eres un cuadro, ¿qué más te da?

– Sonries demasiado.
– ¿Y eso te molesta?
– Me desconcierta.
– Insisto, eres un cuadro, ¿qué más te da?

Oía su voz a traves del ruido de la ducha. Su discurso era imperceptible.

– Has perdido peso.
– ¿En serio? gracias.
– Era un reproche.
– Oh, que mal me siento – ironizó.

La imagen del cuadro permanecía quieta, mostrando el desaire que la convirtió en obra. No mostraba ningún signo de interés por el entorno.

– Pasas demasiado tiempo en el baño.
– Arreglar esto cuesta. Cosas de hombres.
– Los hombres no teneis cosas.
– Desde luego, entiendes de hombres…
– Me pintó uno, como entenderás, algo tengo que saber…
– Siendo así, muchas de tus preguntas se responden por si solas.
– Digamos que me gusta charlar…
– Dime entonces, ¿porqué después de tanto tiempo sin hablar se te ocurre ahora someterme a un interrogatorio?.

Tras unos segundos de reflexión, el cuadro espetó:

– Que pregunta más tonta, solo soy un cuadro.

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…o en su defecto, un junco.

“[…] Tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto
y por sabor […]

[…] Las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada.

Ya mi rostro de vos
cierra los ojos
y es una soledad […]”

Pedazos de “Rostro de vos”
Mario Benedetti

Anoche me quedé dormido leyendo de nuevo a Bukowsky. Pretendía enajenarme de mi cotidianidad, comparándome con Chinaski.
Lo único que conseguí fueron ganas de beberme una botella de Bourbon y de pelearme con tipos enormes y desdentados.

Mientras me dormía recordaba que no me sentaba bien. Pelearme tampoco.

Recordé largas charlas con congéneres en las que se hablaba de deportes de motor, de medirse las pollas y de ser el gallo que más cantaba.
Me recordé y supe que había estado fuera de mi sitio. Aun no se arreglar un coche y tampoco me importa ser un gallo.

En Japón se compara con un junco a todo aquel que persiste en su condición. Ciertamente és una planta muy testaruda que no cede ante la fuerza del rio. Me lo dijo el dueño de un restaurante.

Y el junco ve pasar otras ramas, de otras plantas que se han dejado llevar por el caudal de la vida.

Y las mira con envidia y con lástima a partes iguales.

Creo que volveré a aparcar a Bukowsky… alguien tiene alguna sugerencia?