Las palomas

Érase una vez el tonto del pueblo.

Solía ser un tipo agradable, al que daba gusto aplaudir. Era tan fácil tomarle el pelo porque lucía una melena frondosa.
Y se lo solían tomar.

Acudía con frecuencia al parque a jugar con las palomas, incluso les había puesto nombre.

Una de ellas era una paloma grande y blanca, muy segura de si misma, pero más que nada puro pecho, fachada. En su intimidad lloraba y se sentía insegura, tanto que huyó del parque para no volver jamás.

La paloma errante, la que volaba lejos y volvía, también se fue volando. el tonto del pueblo deseó que siguiera viva.

Otra de las palomas volaba en círculos, dibujando una y otra vez el mismo ocho en el aire.

Todas las palomas volaron lejos del parque. Lo que un día las hizo aterrizar allí, las llevó a marcharse.

El tonto del pueblo sigue en el parque, recitando odas y poemas al cielo, por si vuelven algún día…

…cada vez más cansado…

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