Ratón de Biblioteca

Estaba empezando a creer que era víctima de una esquizofrenia paranoide. Cada miércoles iba a la biblioteca a sondear documentación para su tesis. Añoraba la vieja usanza, tan en detrimento últimamente merced a las tecnologías y concretamente a Internet. Se consideraba un romántico en ese aspecto y le gustaba el olor de los lomos así como hojear las gastadas páginas de los ejemplares vetustos de la magna sala.

Aunque había algo que le perturbaba desde hacía unas cuatro semanas. Se trataba de una especie de grito minúsculo, que predecía a unas pequeñas sombras que se desplazaban veloces por el suelo.

“Un ratón de biblioteca?”, llegó a pensar. Le hubiese seguido haciendo gracia la comparación consigo mismo, de no ser porque ese día pudo comprobar que en efecto, se trataba de un ratón.

Pero no era un ratón normal.

El animalillo trepó por la pata de la silla en la que el hombre permanecía sentado y se colocó a dos patas encima de la página 275 del BOE de 1987 que estaba leyendo. Le miraba con sus ojillos repugnantes, casi juntos, panorámicos mientras se mesaba los bigotes.

Perplejo y con los músculos congelados, acercó su dedo índice al ratón con ánimo de entablar una curiosa amistad.

– Será mejor que no intentes tocarme, transmito enfermedades, sabes?

Nunca supo porqué su reacción fue tan normal. Quizá fruto de su reflexión acerca de una posible esquizofrenia, patología que conocía bastante bien, pero tras unos larguísimos 15 segundos, el hombre le respondió:

– Sabes hablar?
– No, los ratones no hablan, botarate. Soy tu locura.
– Encantado, locura. Y que quieres de mi?
– Quiero que me sigas, tengo que enseñarte algo.

El ratón saltó de la mesa y corrió hacia el fondo de la sala, pausando su marcha de vez en cuando para asegurarse de que el hombre le seguía.

Mesándose el cabello y mirando de soslayo a su alrededor, el humano caminó hasta la puerta del cuarto de calderas, donde el animal le estaba esperando.

– Abre la puerta.
– Seguro? no tengo autorización para entrar ahí
– Tampoco puedes hablar con un ratón y lo estás haciendo, vamos abre.

Una ojeada a ambos lados y abrió la puerta. El ratón corrió adentro, donde desapareció. Podían verse unas luces rojas, seguramente los indicadores de la maquinaria de calefacción. El cuarto olía a rancio y en la oscuridad podían tocarse las telarañas. Hacía mucho calor.

– Que hacemos aquí?
– En realidad no estamos aquí, estas sentado en la mesa, hojeando un boletín de hace unos años, en la sección de hemeroteca.

Los dedos del hombre permanecían posados en el cuerpo del libro. Ningún ratón le hablaba, estaba solo en la biblioteca.

Sacó su bloc de notas semiroto y ajustando sus enormes gafas escribió:

“Comprar un ordenador”.

Un comentario en “Ratón de Biblioteca

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