El escribidor

dibujo6.gif Érase una vez un escritor loco.

No era escritor, ni estaba loco, pero le gustaba caminar con un portafolios y cierto aire inconformista.

Solía relatar las cosas que veía, lo que le hacía ponderar más que crear y transcribir la realidad. Y todo lo que narraba era leído por todos porque todos reconocían lo que leían.

Pero eso no era importante para esta historia, es demasiado real.

Intentaba no andar dos veces por el mismo sitio y limpiaba sus gafas en cada semáforo en rojo, con dedillos nerviosos y blanquecinos. Miró a su alrededor y le daba la impresión de que todo el mundo le miraba.
Mesó sus cabellos mirando de soslayo, sospechando que quizás pudiese ir despeinado o con la bragueta abierta.

Metió una mano en el bolsillo de su chaqueta de cuadros con coderas, adornada por una colina de caspa sobre sus hombros.

Los peatones echaban a andar como en una pole, y él apresuraba su paso.

Caminó hasta el muro del rio y apoyó su portafolios en la barandilla, sacó un folio desnudo y apuntando al papel, desafiante, esgrimió su boli de propaganda.

Una vez leyó en una revista de literatura que ese término estaba mal usado, que en realidad “propaganda” se refería a un hecho concreto, pero que la etimología era ignorada en pos de la facilidad de comunicación, bautizando así como propaganda todo lo publicitario.

En fin, que todas esas gaitas le daban igual ya. Llevaba en la cabeza la idea desde hacía días, así que, sin prolongar más el hecho empezó a manchar el papel:

“Señor juez…”

Sucedió pues que una furiosa bocanada de aire cambió su peinado al mismo tiempo que enviaba su carta a donde quiso que fuese Eolo o la madre que lo parió.

A la sazón pensó con cierto alivio en fórmulas matemáticas, en estadísticas y en la cuántica y pormenores de las cosas y tal, pero eso no le consolaba, no obstante le hizo ver que sentía un miedo horroroso.

Supo que quizás debía seguir entre los vivos para contar algo interesante, deseaba pensar así, pues en realidad amaba la vida. Amaba su chaqueta de cuadros, su caspa y su semáforo. Amaba su portafolios y su aire inconformista.

Y se refugió en la parada del autobús, al lado de un señor bien vestido, sacó otro folio en blanco y apuntó decidido con su boli de propaganda:

“Érase una vez un señor loco. Eso decía la gente, aunque ni era señor ni estaba loco, pero a todos les llamaba la atención su conducta…”

2 comentarios en “El escribidor

  1. Podrías hacer una colección de estos relatos de locos y publicarlos en papel😀 Lo cierto es que son bastante originales, y tienen mucho mensaje entre líneas🙂

    El único “pero” que le pongo a este relato es lo de “la madre que lo parió”. Es una expresión que queda un poco fuera de registro. Seguramente forma parte de tu estilo, y en ello no me voy a meter, pero es mi pobre opinión :$

    Por el resto, me ha gustado mucho^^

    Por cierto, hace unos días te vi colgado un poema tuyo. Me gustó mucho también, ¿por qué lo has quitado?😦

    Besitos,
    Mun Light Doll

  2. A Mun: Gracias por opinar, uno escribe para ser leído, soy honesto.

    Muchos términos o expresiones que forman parte del lenguaje no se usan simplemente para mantener un savoir faire determinado. Me gusta intentar romper esos esquemas. No obstante soy partidario de cierto comunismo en las letras, es decir: “Las letras para quien las lee”. Como siempre digo, me gusta más la lujuria que la concupiscencia.

    Sobre La Araña, que es probable que sea el poema al que te refieres, lo conservo y lo colgaré a modo de post.

    Muchas gracias.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s