lamanodedios

Para ti, que estas en la sombra de tus pensamientos, donde tan difícil es hallarte a veces, quiero darte las gracias por ungir a este Lázaro con un bálsamo de piedad.

Cuando las vigorosas flores del jardín de los encantos en el que me revuelco distraído, se vuelven serpientes viperinas, negras y viscosas, cuando la tierra se abre y de ella surgen pútridas las manos del desencanto, tu tienes esa palabra que espero oír de labios ajenos.

Cuando mi soberbia se satisface y bebe del arroyo de la complacencia, cuando desparezco porque soy víctima de mis propias decisiones, que son siempre equivocadas, tú me esperas para bendecirme y redimirme de mis pecados, con la caricia tierna de quien te aprecia.

Para ti, que tienes la espalda endurecida
de soportar ser especial, tanto que te abstraes de la normalidad en forma divina, quiero darte las gracias por curar las heridas de este leproso, que siempre carece de ternura.

Porque cuando la luz me falta, tu mano me cura la ceguera.

Y quiero que sepas que me convierto definitivamente a tu religión, la cual solo abandonaré cuando me acechen los buitres del Sanedrín, mostrándome el fin de mis días.

Y que me quede ciego, leproso y muera si alguna vez te niego tres veces o te vendo por cuatro monedas de afecto.

Thank you, my personal Lowenstein.